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«Servicios – El Bar» – Proyecto «Tierras Pobladas» – Gordoncillo

Mi proceso de pintar murales recuerda un poco al de hacer un puzle. Las “piezas” de color van encajando, cada una en su sitio preciso, y no es hasta casi el final del proceso cuando el espectador puede distinguir qué es lo que estoy pintando. Tampoco yo suelo dar pistas sobre el tema y me gusta escuchar pareceres a medida que el mural va tomando forma.

En Gordoncillo resultó casi un ritual de primera hora de la mañana recibir a los distintos vecinos madrugadores que, de camino a sus quehaceres o a sus paseos diarios, iban día a día intentando adivinar adónde conducían aquellas manchas sin mucho sentido. El día en que todo empezó a cuadrar, y el interior del bar por fin tomó forma, todos ellos se jactaban de haber sido los primeros en adivinar el tema de la pintura.

A día de hoy sólo quedan cuatro negocios en Gordoncillo: una farmacia, una carnicería, una ferretería y un bar. Este último, el Café Dalma, ha sido la fuente de inspiración para el tercer de mis encargos. El Dalma, más que un negocio es un lugar de encuentro y de reunión, un lugar donde tomar algo, donde conversar, donde echar la partida, donde ver la final del Mundial (¡sí, ganó España!), donde ver y dejarse ver, donde comer algo, donde ir a recoger el menú diario, es punto de entrega para paquetes, el mejor sitio para dejar recados y para sentirse en casa fuera de casa.

El mural, que representa una escena cotidiana en un bar de toda la vida es un homenaje a esos negocios de pueblo que dan vida a toda una comunidad. El niño que se asoma por detrás de uno de los jugadores de cartas es un guiño al nieto de Marisa y Dalma, un chaval despierto y vital que colabora en servir, recoger mesas y lo que sea menester.

El mural fue concebido y realizado por María del Roxo en la primera quincena de julio de 2026.

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