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Y vivieron felices…

Algunas veces recibo el encargo de pintar retratos de gente que no conozco personalmente. A partir de una foto de no muy buena calidad tengo que elaborar un cuadro que tiene un cuanto de contemplación y un bastante de intuición… Y no es cosa fácil.

Para esta parejina que se casaba, los padres de él tenían muy claro que querían algo luminoso, lleno de color y de calor, y depositaron toda su confianza en mi trabajo. Y nada más ver la foto que tenían supe cómo la quería reinterpretar para que el resultado final mostrara esa buena sensación que me trasmitieron al primer vistazo.

El toque final para vestir la obra lo puso Galería Ébano con esa preciosa moldura en blanco y verde. Los novios quedaron encantados con la sorpresa, los papis con su regalo, y todos vivieron felices y comieron perdices. Me encantan los cuentos que terminan bien 🙂

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