¿Te atreves a poner UN retrato en TU vida?
El otro día alguien me dijo lo siguiente: ¿Cómo voy a comprar un retrato de alguien que no conozco? Y como no es la primera vez que me pasa y suelo optar porque este tipo de comentarios me resbalen, no le di mayor importancia y seguí a lo mío. Pero en el fondo creo que estuve madurando la pregunta en mi cabeza y hoy me levanté con ganas de contestar, o con ganas de reivindicar el poder oculto del retrato.
El artista hace arte para reflejar sus propias emociones. Da igual que sea una piedra, un trapo o un retrato. Es la historia que hay detrás de la piedra, del trapo o del retrato lo que nos mueve, nos conmueve, nos estimula, nos indigna, nos hace rechazar o amar o reaccionar, en suma, de alguna forma, para crear lo que creamos. Y a veces son esas mismas emociones u otras parecidas las que el espectador puede sentir frente a lo que contempla si logra conectar con la pieza en cuestión.
Cuando yo pinto un retrato, no busco pintar a tal o cual persona porque la conozca, o por su belleza, o por su edad. Yo no busco modelos. Los modelos aparecen de repente. Porque cuando menos me lo espero, descubro la emoción que me suscita un rostro, una mirada, un gesto. Y cuando eso sucede, necesito entender quién es esa persona, cómo es, por qué tiene esa expresión, qué me quiere decir. Y cuando voy trabajando en el cuadro, voy estableciendo esa comunicación. Y a medida que pinto las preguntas van hallando su respuesta, pero yo voy siendo interrogada a la vez. Quién soy yo. Por qué he buscado esa mirada triste o atrevida o inquieta. Qué me recuerda o a quién me recuerda. Cuánto de su dolor comparto. Cuánto de su alegría… Los retratistas nos retratamos. Somos siempre nuestro modelo aunque nuestro modelo sea siempre diferente. Porque, vuelvo a repetir, no son sus rasgos exteriores aquello con lo que nos identificamos, sino la emoción que tal o cual detalle suscitan en nosotros.
Así, cada retrato que hago es en cierta forma un autorretrato, pero a la vez es un retrato de ti misma, y de tu vecino, y de tu amiga, y de la humanidad en toda su extensión. Es esa chispa de ilusión que sentiste la primera vez que viste el mar. Es el tremendo batacazo de cuando se murió tu padre. Es la sonrisa de tu niña cuando le haces cosquillas. Un retrato, al igual que cualquier pieza de arte, es mucho más que un simple parecido.
Poner un retrato en tu vida, no TU retrato, sino UN retrato, es ayudarte a entender quién eres. Por eso lo tienes que elegir tú. Por eso nadie lo puede elegir por ti. Ni con mis mejores amigas soy capaz de adivinar el retrato que quieren. Y hasta a mí, que los pinto, me cuesta a veces mucho tiempo entender mi elección. Y esa es precisamente la terapia que te propongo. Deja que un retrato te elija, ponlo en tu vida, y míralo mucho. Míralo y mírate. Busca en tu interior y conecta con esa emoción que has elegido de forma inconsciente. Al cabo de un tiempo te darás cuenta de que ese retrato es en realidad un espejo, y que no estás contemplándolo sino que te estás mirando a ti mismo.