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Proyecto de Arte Rural en Ibias * Taladrid * El Cruceiro

Estos días tristes, de final de verano, los he utilizado para hacer alguna obra más en el marco del Proyecto de Arte Rural «Érase una vez… Villaoril». En este caso, sin embargo, he ampliado mi ámbito de acción al vecino pueblo, cabeza de parroquia, de Taladrid.

En Taladrid existe el único (que me conste) cruceiro de Ibias. Los cruceiros eran muy abundantes en los pueblos de esta zona, por influencia de la vecina Galicia. Eran simples nichos o árboles situados en los caminos que desde el cementerio parroquial se dirigían hacia las aldeas de los contornos. Allí se instalaban las cruces de los ataúdes tras el funeral. Eran lugares de respeto y recogimiento, donde se podían contemplar decenas de cruces de las personas fallecidas durante décadas y donde se solía rezar alguna oración. Se suponía que de esta manera las almas de los difuntos velarían por aquellas de los vivos del pueblo.

En Taladrid el cruceiro que utilizaban los vecinos del propio pueblo y de Villarín, está situado en el camino que baja hasta el cementerio. Se trataba de una higuera que, con el paso de los años amenazaba venirse abajo. Los vecinos del pueblo han rehabilitado el espacio y construido un pequeño nicho de piedra para dar cobijo a las cruces. En este espacio he instalado una segunda versión de mi obra «Devoción» para que cuide de caminantes y vecinos.

Gracias a los vecinos de Casa Maragato y a todos los que habéis ayudado con la restauración de este espacio único en el concejo de Ibias. Si queréis saber más cosas sobre los cruceiros, os invito a hacer clic en este enlace al blog «Ibias, el Lejano Oeste» donde se explica esta tradición.

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